Detrás del brillo impecable y la larga duración que han convertido al esmaltado semipermanente, se oculta un impacto químico agresivo que debilita las capas de queratina y expone las manos a radiaciones acumulativas.
A diferencia de los esmaltes tradicionales, que se secan mediante la evaporación de sus solventes al aire libre, el esmalte semipermanente está compuesto por geles que contienen acrilatos, metacrilatos y fotoiniciadores.
Estos componentes necesitan ser expuestos a la radiación ultravioleta para polimerizarse, un proceso químico en el que las moléculas líquidas se entrelazan fuertemente hasta convertirse en un plástico rígido y adherido a la uña.
El riesgo principal radica en que estos acrilatos, en su estado líquido previa exposición a la lámpara, son potentes alérgenos. Cuando el producto toca la piel circundante por una mala aplicación o cuando no se cura por completo, puede desencadenar dermatitis en 80% de los casos por contacto alérgico, una condición crónica que provoca descamación, enrojecimiento y un picor intenso que, en casos graves, impide que la persona pueda volver a utilizar cualquier tipo de acrílico en el futuro.
Exposición peligrosa. Además, algunas fórmulas aún contienen trazas de formaldehído, tolueno y dibutilftalato, un trío de químicos históricamente cuestionado por sus efectos irritantes y su potencial disrupción en el sistema endocrino.
Nacarit Navarro, cosmetóloga, asegura que el factor de riesgo más significativo en el uso de estos químicos se encuentra en las cabinas de secado, ya sean comercializadas como tecnología UV o LED; ambas emiten rayos UVA para activar los fotoiniciadores del gel.
“De manera que esta exposición, aunque breve en cada sesión, es acumulativa a lo largo de los años. La radiación UVA penetra profundamente en la dermis, destruyendo el colágeno y acelerando el fotoenvejecimiento de las manos, lo que se traduce en manchas oscuras y arrugas prematuras”, explica.
Asegura que, en un nivel más crítico, la exposición repetida al daño celular en el ADN aumenta el riesgo de desarrollar tumores cutáneos en la zona que rodea la uña y en el dorso de la mano, un peligro silencioso que suele pasar desapercibido hasta que aparecen lesiones sospechosas.




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